La acreditación: más que acto, es inspiración

EDITORIAL

 

 

La acreditación: más que acto, es inspiración

 

Accreditation process: much more than an act, is an inspiration

 

La Universidad de Ciencias Médicas de Villa Clara, como hija legítima de un proceso transformador en la salud pública cubana, necesita la motivación permanente de sus educadores, estudiantes y egresados, para aquilatar la atención integral que merece el pueblo con la calidad superior que deviene en excelencia.

Lograr la acreditación de carreras y programas, así como de la institución en su conjunto, es el resultado de la aplicación consecuente de un riguroso sistema de evaluaciones internas y externas dirigido a reconocer públicamente el cumplimiento de exigentes requisitos de calidad, definidos por la Junta de Acreditación Nacional (JAN), agencia cubana creada en el año 2000, que integra la Red Iberoamericana para la Acreditación de la Calidad en Educación Superior (RIACES).

No «vibran en acreditación» los colectivos por la condición como tal, sino por la cualidad que la sustenta, el hondo y trascendente significado que posee, la cultura de gestionar la calidad a través de la autoevaluación sostenida, que involucra a directivos, profesores, personal administrativo y no docente, estudiantes, egresados, empleadores y la comunidad toda, que recibe los servicios de salud y coprotagoniza las acciones para su bienestar físico, mental, social y medioambiental.

Este proceso, obviamente, permite ganar conciencia de los cambios necesarios, fortalece las relaciones entre los actores, ahonda las valoraciones, enseña a mirarse a sí, a identificar fortalezas y debilidades; asegura un desarrollo integral y genera o refuerza el compromiso para continuar mejorando, con un pensamiento estratégico y analítico que involucra la razón de ser de la universidad, su ejecutoria y el horizonte que es posible alcanzar, con el ánimo de iluminar mejores decisiones en el empeño de lograr la formación y superación de profesionales más competentes, con pleno dominio de los modos de actuación e integridad en su conducta.

Vale considerar atinada la calidad en su carácter dinámico, en función de la pertinencia y la participación coherente para consolidar fortalezas y eliminar debilidades, cualificar funciones sustantivas, estimular la mejora en todos los escenarios educativos y compartir la prioridad de las orientaciones recibidas, los procesos formativos y sus resultados.

Si van de la mano los protagonistas de cada variable, conscientes de la necesidad de aportar de forma colectiva e individual para satisfacer positivamente el propósito de los indicadores y los criterios de evaluación, entonces se compartirá el júbilo de la familia universitaria por la anhelada certificación de la calidad en sus dimensiones intrínsecas y extrínsecas.

Sea bienvenida la «introspectiva» al quehacer académico para que la actividad prospectiva sea superior y las buenas prácticas armonicen con las de referencia nacional e internacional. Sirva el proceso para velar por la calidad desde dentro, con la participación consciente y la responsabilidad de todos, de modo que se logre una mejor planificación, organización, regulación, control y evaluación de cada una de las dinámicas de esta Alma Máter de la salud villaclareña.

Conviértase la autoevaluación, a los casi 50 años de fundada la universidad, en el eje principal de la mejora continua, como homenaje a los ejemplares fundadores, paradigmas y continuadores. Asúmase la calidad como concepto polisémico, con valores compartidos, consistencia de acciones, perfeccionamiento continuo, compromiso revitalizador, hábito de mirada profunda hacia sí, desarrollo del proyecto educativo e impulso transformador hacia la mejor actitud y el soñado modelo de profesional.

En la universidad, «carrera» significa cursar los estudios necesarios para un buen ejercicio profesional, y no es, ni debe ser, «paso del que corre» o «competición de velocidad», lo que también expresa etimológicamente el vocablo, sencillamente porque no se debe correr en algo tan relevante, y de lo que se trata es de llegar «bien» más que «rápido». Úsese esta reflexión para el proceso de acreditación.

Véase el empeño para lograr el reconocimiento a la calidad, como a un ser humano: vivo, con emociones y sentimientos, en movimiento y con una lógica inteligente hacia un buen impacto y la mejora continua. Demuéstrese la unidad de la educación con la instrucción, la conjugación del estudio con el trabajo, el protagonismo de lo metodológico en el proceso enseñanza-aprendizaje, la contextualización apropiada del diseño curricular, el óptimo aprovechamiento de la infraestructura y la pertinencia de la formación de profesionales con sólidos conocimientos y modos de actuación, capaces de articular las dimensiones curricular, extensionista y social.

Créanme, podemos hacer más por las nobles profesiones que cultivamos, de manera que siempre vaya el alma contenta de su obra, convirtiendo los vítores que hay en sus latidos en sostenida inspiración para el progreso académico. Solo así cuidaremos mejor la vida y la salud de muchos, auscultando la calidad que conduce a la excelencia.

 

 

Profesor Dr. José Luis Aparicio Suárez
Máster en Educación Superior en Ciencias de la Salud
Especialista de Primer y Segundo Grados y Miembro de la Sociedad Internacional de Hematología
Director de la Revista Medicentro Electrónica
jlaparicio@infomed.sld.cu

 

 

Dr. José Luis Aparicio Suárez. Máster en Educación Superior en Ciencias de la Salud. Especialista de Primer y Segundo Grados y Miembro de la Sociedad Internacional de Hematología. Cardiocentro Ernesto Che Guevara. Santa Clara, Villa Clara. Cuba. Correo electrónico: japaricio@cardiovc.sld.cu

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